ADORNO 05
El Sacrificio por la Fe (Isaac)
(30 de Noviembre)
(30 de Noviembre)
"Isaac, el hijo de la promesa, subió al monte confiando en Dios, incluso cuando el camino se puso difícil. Su obediencia nos recuerda que Dios siempre provee lo necesario para nuestra salvación. Años después, de esta misma familia nacería un nieto con una visión celestial: Jacob"
Lectura Recomendada para el día: Génesis 22:1-19 o Génesis 22:4-13 (Versión Corta)
El Sacrificio por la Fe
Isaac subía a la cima de un monte en Moria junto a su padre Abraham sin saber que era para porque iba a ser sacrificado ya que Dios para probar la fidelidad de Abraham le había pedido que ofreciera en sacrificio al único hijo que había tenido con su esposa Sara.
2 Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré».
Abraham que antes había dudado en lo que le decía el Señor, pero había aprendido que se debe tener siempre fe en Dios, y que no volvería a dudar, estaba dispuesto a sacrificar a Isaac porque Dios se lo había pedido. Abraham solo junto a su hijo Isaac habían empezado a subir a la cima de la montaña, Isaac cargaba la leña sobre sus hombros mientras que Abraham tenía el fuego y el cuchillo para el sacrificio. Inocentemente Isaac le pregunta a su padre que tenían el fuego y la leña pero ¿dónde estaba el cordero para el sacrificio? Y Abraham le respondió que Dios proveerá el cordero para el holocausto. Al llegar a la cima, Abraham construyó el altar, colocó la leña y ató a Isaac para sacrificarlo, tanto el padre como el hijo habían aceptado la voluntad de Dios, y justo cuando Abraham extendió la mano con el cuchillo para inmolar a Isaac un Ángel del Señor lo detuvo y le dijo que Dios había visto que su fe era total porque no le había negado a su hijo amado Isaac, luego en un arbusto, encontraron un carnero para el sacrificio. Dios no quería la muerte de Isaac, quería la entrega total del corazón de Abraham.
4 Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos,
5 y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes».
6 Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.
7 Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
8 «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.
10 Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.
11 Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!». «Aquí estoy», respondió él.
12 Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único».
13 Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Isaac
Es hijo de, Abraham y su esposa Sara, su nombre proviene del hebreo "יִצְחָק", transliterado "yitzhak" y en español "Isaac", esa palabra significa "Risa", o "Aquel que ríe". Su madre, Sara, se rio incrédula cuando Dios le prometió un hijo a su avanzada edad. Al nacer, su nombre recordó que para Dios lo imposible es motivo de alegría.
Isaac es el hijo de la promesa. Su rasgo principal es la mansedumbre. A diferencia de otros personajes más activos, Isaac es el hombre que sabe esperar y obedecer. Al cargar la leña cerro arriba y no resistirse al sacrificio, se convirtió en el gran símbolo del Niño Jesús, Jesús, quien también cargaría el madero de la Cruz por obediencia a su Padre, Dios. A Isaac se le considera como el patriarca de la paz y la meditación; mientras otros conquistaban tierras, él reabría los pozos de agua que su padre había cavado y les devolvía el nombre con el que los había llamado su padre. Isaac no fue un hombre de guerras, sino de paz y constancia, no era como otros que buscan cosas nuevas, Isaac se dedica a rescatar la herencia de su padre que los enemigos habían tapado con tierra, nos enseña la importancia de cuidar las raíces, de dar continuidad y mantener viva las tradiciones y promesas de Dios.
18 En seguida abrió de nuevo los pozos que habían sido cavados en tiempos de su padre, y que los filisteos habían tapado después de la muerte de Abraham, y los llamó con los mismos nombres que les había dado su padre.
Isaac se casó con Rebeca y este matrimonio no fue casual, fue guiado con la fe en Dios. Abraham envió a su siervo más fiel a buscar una mujer para su hijo, y Dios puso en el camino a Rebeca, una mujer de gran bondad y valentía que dejó su propia tierra por fe, al igual que lo hizo Abraham años atrás (Gn. 24:1-67).
64 Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello
65 y preguntó al servidor: «¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por el campo?». «Es mi señor», respondió el servidor. Entonces ella tomó su velo y se cubrió.
66 El servidor contó a Isaac todas las cosas que había hecho,
67 y este hizo entrar a Rebeca en su carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo después de la muerte de su madre.
Rebeca era una joven virgen antes de casarse con Isaac quien tenía 40 años, y pasaba el tiempo sin que pudieran tener hijos, así se dieron cuenta que Rebeca era estéril. Ellos conocían de la promesa sobre la descendencia de como las estrellas del firmamento que Dios había hecho con Abraham, padre de Isaac (Adorno 04), por eso Isaac oró a Dios para que su esposa pudiera darle hijos. Dios lo escuchó y cuando Isaac tenía 60 años fue padre de unos gemelos.
21 Isaac oró al Señor por su esposa, que era estéril. El Señor lo escuchó, y su esposa Rebeca quedó embarazada.
22 Como los niños se chocaban el uno contra el otro dentro de su seno, ella exclamó: «Si las cosas tienen que ser así, ¿vale la pena seguir viviendo?». Entonces fue a consultar al Señor,
23 y él le respondió: «En tu seno hay dos naciones, dos pueblos se separan desde tus entrañas: uno será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor».
24 Cuando llegó el momento del parto, resultó que había mellizos en su seno.
25 El que salió primero era rubio, y estaba todo cubierto de vello, como si tuviera un manto de piel. A este lo llamaron Esaú.
26 Después salió su hermano, que con su mano tenía agarrado el talón de Esaú. Por ello lo llamaron Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años.
"Isaac y Rebeca se convirtieron en el corazón de la promesa. Aunque pasaron veinte años antes de tener hijos, su confianza en el Señor nunca flaqueó. A través de ellos, Dios nos enseña que la familia es el lugar donde la bendición se custodia y se transmite a las futuras generaciones."
"Isaac creció y formó su propia familia con Rebeca, heredando la bendición que Dios le dio a su padre Abrahán y que él se la transmitiría a su hijo Jacob, quien en una noche de soledad tuvo una visión asombrosa, una escalera que unía la tierra con el cielo."
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